Imágenes viaje solidario 2017

Un pequeño adelanto de lo que ha sido el viaje.

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¿QUIERES ACOMPAÑARNOS A REPARTIR TODO AQUELLO QUE VUESTROS PEQUES HAN DEJADO DE USAR Y NO PODEMOS VENDER?

Semanas y semanas de preparación. Coche, gps, herramientas, rutas, pasaportes en regla, maletas, cajas llenas de donaciones, comida, bebida, nevera, equipaje de camping y solo un maletero para todo esto, uff.

  • Madrid-Melilla

Llega el día. A las 15h, tiene que estar todo listo. Tras terminar trabajos y coles debemos salir lo más rápido posible rumbo a Almería porque a las 22h tenemos que estar en el puerto gestionando las tarjetas de embarque. El viaje por autovía es un poco pesado, pero nos quitamos de encima la parte más tediosa del trayecto entre chistes y risas a través de las emisoras. En los próximos días, la emisora va a ser nuestro medio de comunicación en las largas etapas por pistas pedregosas y carreteras bacheadas en las que nos iremos encontrando todo tipo de escenas y anécdotas inolvidables.

Son las 23h y lo hemos conseguido, ¡estamos en el ferry! Nos disponemos a buscar nuestros camarotes ya que nos espera una larga noche hasta Melilla, los hay que tienen sueño profundo y no se enteran, los que dan vueltas toda la noche en la pequeña litera o los que la cafetería del barco y las cartas les sirven de distracción hasta llegar.

  • Frontera España-Marruecos

08:00 de la mañana y última hora exacta que podemos reflejar porque se acerca el comienzo de esta aventura y el tiempo se para, ya que como bien dicen nuestros vecinos marroquíes, “prisa mata”. Desembarcamos en Melilla y no puede faltar el té con churros para desayunar antes de dirigirnos hacia la frontera donde la burocracia y el papeleo nos supondrá un par de horas, siendo optimistas. Durante el desayuno, ya han empezado los nervios de los trámites que tenemos por delante. ¿Habremos olvidado algo? Aquí tenemos que tener listos pasaportes, documentación de los vehículos, seguros, y sobre todo, mucha paciencia porque los guardias del lugar son muy, muy exquisitos. Y esta es una de las particularidades de África, puedes haber estado meses documentándote acerca de los trámites necesarios, pero en el último momento, el agente que pone el último sello sobre la última firma del último funcionario, puede encontrar un pequeño desliz que no tuviste en cuenta. ¿Que el seguro de tu coche va a caducar en cinco meses?, la vigencia mínima para viajar por Marruecos es de seis meses. No importa que tu viaje sea de diez días. En ese momento, tienes un problema. Mejor nos terminamos el desayuno rapidito y salimos hacia la frontera, que los nervios nos están empezando a pasar factura.

Ya en la frontera, mientras esperamos largas colas para sellar los pasaportes empezamos a ver las particularidades del país. Raro es que no aparezca alguien ofreciéndonos su ayuda para agilizar los trámites a cambio de unas monedas, un paquete de tabaco o cualquier cosa que asoma entre el equipaje y se le antoja interesante al buscavidas de turno. Por mucho que te aseguren que el trámite será más sencillo y rápido, un rato después descubrirás que te encuentras en la misma fila de la que procedías. Al mismo tiempo, observamos cómo la zona peatonal está repleta de personas transportando mercancías de un lado a otro, mujeres encorvadas con kilos y kilos a las espaldas que en ocasiones, desafortunadamente, los guardias rajan para ver su contenido y requisar una parte, un par de personas elevando artículos desde un muro de 4 metros, tal vez sólo por no esperar…

Conseguimos pasar el control de pasaportes y formalizar la documentación de los coches. Después del último sello, respiramos tranquilos. Parece que esta vez teníamos todo bien preparado, o ¿ha sido suerte? Nunca lo sabes a ciencia cierta.

  • Comienza la aventura

Una vez pasada la frontera, ¡estamos oficialmente en Marruecos! Es el momento de cambiar dinero, puede que no veamos un banco en los próximos días. También es al inicio cuando buscamos una tarjeta de teléfono magrebí. Nos sale mucho más barato llamar a España y el coste no supera los 3-5€ en ocasiones con acceso a internet. Pero recuerda, es el viaje perfecto para desconectar de las tecnologías diarias y deleitarse con los paisajes y la cultura del territorio.

Empieza a aparecer ante nuestros ojos la España de los años 50; 3 o 4 personas en un ciclomotor, un señor que ya no cumple los 60 cargando una lavadora en la bicicleta, burros como medio de transporte, vehículos con el doble de pasajeros de los permitidos, vacas, cabras y ovejas que son transportadas en el portaequipajes de los coches… Ahora sí, la emisora empieza a cumplir con su función. Empezamos a cruzarnos mensajes de asombro entre los coches. Aquí se nota la diferencia de experiencia entre los viajeros. Los que hacen por primera vez el viaje no paran de sorprenderse. Los más experimentados, intentan dar explicaciones que no llegan a escucharse porque una nueva escena aparece ante nuestros ojos y acapara su atención. Poco a poco, vamos cruzando ciudades y pequeños pueblos hacia nuestro primer objetivo.

  • Familia Labied

Seguramente, una de las paradas más esperadas del viaje. Visitar a la que ya consideramos, parte de nuestra familia. Los Labied. En medio del Plateau de Rekkam, en la más extensa explanada que puedas imaginarte, allí están ellos.

En una construcción de piedra donde viven simplemente, con su ganado y un depósito de agua. Ya llevamos casi 50 km de pistas desde el último tramo de carretera asfaltada. Cuando llegamos, habiéndonos llamado unas 10 veces en el transcurso del día, nos reciben con los brazos abiertos y nos acogen en su humilde casa. Compartimos con ellos una estupenda velada en la que en ocasiones por el desconocimiento del lenguaje, llegamos a cenar dos veces. ¿”Queréis” sopa?, ¿”tenéis” sopa?, parecen lo mismo, ¿verdad? Entre el bereber y el lenguaje de los signos ya tenemos el lío montado (ellos preparan sopa y nosotros preparamos, sopa).

Después de la cena, nos ofrecen todo y lo poco que tienen para pasar la noche. Dormimos sobre unas gruesas alfombras que extienden en el suelo. Utilizamos nuestros sacos de dormir y nos tapamos con mantas que también comparten con nosotros. Hace frío, mucho frío. El Plateau de Rekkam es una gran meseta con una altura media de 1.400m sobre el nivel del mar. A esta altura y sin accidentes geográficos significativos, cuando se pone el sol, la temperatura cae en picado. Hay que taparse para pasar la noche.


A la mañana siguiente, compartimos un agradable desayuno en familia. Entregamos juguetes, ropita, algo de comida y aprovechamos para jugar con los peques. Intercambiamos experiencias y prometemos volver a vernos el año siguiente.

  • Escuela Beni Tadjite

Vamos a parar a Beni Tadjite, un pueblo de unos 8.000 habitantes. Con el único objetivo de cruzar al otro lado del municipio para continuar nuestro camino, nos encontramos con muchos niños que parecen venir del mismo sitio. Por la hora deducimos que han terminado la escuela y nos dirigimos a curiosear. Llegamos a la calle de la que procedían y nos encontramos todos los locales cerrados. Nos situamos frente a uno que, aparentemente, desde el exterior parece una escuela, intentamos ver entre las rendijas de las ventanas. Parece que hemos acertado, vemos una pizarra, mesas, sillas, dibujos… Un paisano del lugar que nos ve, rápidamente se acerca a hablar con nosotros y con el mínimo intercambio de palabras, hace una llamada y aparece una mujer, la profesora. Amablemente nos abre las puertas de la escuela, que es al mismo tiempo, su casa. Nos cuenta cómo entre ella y su hermana pusieron en marcha este proyecto y se hacen cargo de la educación de todos los niños del lugar de entre 3 y 5 años. Pasamos un buen rato visitando las distintas estancias que se utilizan como clases.

La maestra nos ofrece té con dulces, y aunque no tenemos el gusto de compartir esos momentos con los niños no nos olvidamos de entregar los juguetes, libros, y material escolar que llevamos. Gracias a las nuevas tecnologías, pocos días después, la maestra y sus alumnos nos sorprenderán con fotografías agradeciendo vía Facebook todo lo entregado. ¡Quizá esta sea la parte más gratificante del viaje!

  • Aldeas

A lo largo de nuestra ruta, un evidente contraste entre las grandes ciudades y las pequeñas aldeas nos conmueve. Paramos en sitios donde encontramos una jaima como hogar en la que vive toda una familia y el “pueblo” más cercano, con comida, agua y recursos en general, queda a muchos kilómetros.

Dejamos ropa y zapatitos que son muy bien recibidos ya que en ocasiones tanto niños como adultos caminan descalzos por las punzantes piedras. Nos impacta cómo en zonas del Atlas donde las temperaturas bajan hasta la parte negativa del termómetro, hay familias que se resguardan del frío en recovecos de la montaña usando como prenda de abrigo una simple sudadera.

 Aprovechamos para entregar abrigos, jerseys de lana, forros polares… para intentar mejorar, en la medida de lo posible, las condiciones en las que subsisten.

  • Merzouga

La zona más turística, cálida y al sur que solemos visitar, Merzouga. El desierto como mejor lo entendemos los que vivimos en zonas un poco más húmedas. Hay grandes dunas de arena con un color dorado intenso. En este punto, se encuentra el “Erg” más cercano al continente europeo, el Erg Chebbi. El viento a lo largo de los años, va arrastrando arena y se acumula en extensiones más o menos grandes, formando dunas que en ocasiones superan el centenar de metros de altura. En el Erg Chebbi se pueden ver algunas dunas que superan con creces esta altura.

Los marroquíes son conscientes de lo espectacular que supone para nosotros los europeos este enclave y tienen preparadas en la zona todo tipo de comodidades para los turistas. Los hoteles y albergues se suceden a escasos metros de las dunas. Alguno de ellos, cuenta con piscina desde la que se pueden observar las dunas mientras se disfruta de un baño. Podemos disfrutar de un paseo con camellos hasta las jaimas en medio de las dunas y dormir en ellas, visitar con un guía local algún asentamiento de nómadas bereberes…

En cualquiera de los albergues, todos se esfuerzan por hacer la estancia inolvidable. Son un par de días en este enclave singular, que aprovechamos también para comprar fósiles y minerales a los vendedores ambulantes que nos vamos encontrando en mitad de la nada.

  • Mercado/Zoco/Medina

En nuestro viaje hay tiempo para todo. Nos adentramos en las laberínticas medinas de las ciudades, conocemos el día a día de los artesanos y mercaderes. Disfrutamos para comprar en los mercados, siempre a su manera (regateo o trueque), los recuerdos para nuestros familiares o todas esas cosas que nos han ido llamando la atención y otras que sin ser nuestro objetivo, inevitablemente los astutos tenderos nos incluyen en el paquete para darnos su mejor precio (alfombras, colchas, bisutería, té, tajín, fósiles, rosas del desierto, artículos de piel de sus propios curtidores, especias, turbantes, etc.).

  • Regreso

El viaje va llegando a su fin. El último día en tierras marroquíes, nos toca una buena tirada de carretera hasta Ceuta para llegar al Ferry que nos lleva a la península. Recorremos carreteras en las que avanzando hacia el Norte, cada vez encontramos más tráfico y atravesamos poblaciones en las que se ve algo más de actividad. El norte es, sin duda, más próspero. El clima es menos extremo y esto se nota en las plantaciones que cada vez son más extensas. Por la carretera, vamos encontrando coches y camiones con todo tipo de cargas que superan con creces cualquier medida reglamentaria. En estos casos es mejor circular a una distancia prudencial, porque no es la primera vez que vemos un accidente.

Paramos a hacer noche en Chefchaouen, un pueblo con una preciosa medina en la que todas las casas se encuentran pintadas de azul. Aprovechamos para dar un paseo y cenar en un restaurante típico. Por supuesto, no faltan los comercios locales donde nos volvemos a dejar enredar y terminamos haciendo alguna compra.
Por la mañana, madrugamos para embarcar lo antes posible, pero nos queda una última formalidad ineludible, la frontera. Nos llevamos una sorpresa al descubrir que en Ceuta tienen preparado una nueva organización de los gendarmes y vas avanzando dentro del coche. Todos los trámites los haces en la misma fila y los buscavidas de la frontera no se interponen en tu camino. Nos preguntamos cuál será ahora su ocupación, porque este sistema, les ha quitado una fuente de ingreso…
El trayecto en el ferry es breve. Un rápido control de pasaportes al salir del barco y, rumbo directo a casa. El viaje por autovía es aburrido, pero se va amenizando con los recuerdos que vamos intercambiando por las emisoras. Las imágenes grabadas en nuestras retinas durante estos días, nos llevan a hacer constantes comparaciones con lo que ahora vemos. Es lógico, el contraste es muy fuerte. Ahora mismo viajamos por el siglo XXI, y ayer mismo lo hacíamos por la primera mitad del siglo XX.

Y esta semana santa, como cada año, nos disponemos a realizar nuestro viaje a Marruecos para intentar ayudar a quienes más lo necesitan y arrancar una sonrisa tanto a peques como mayores con las cositas que con toda vuestra confianza donáis en De manita a manita. Por eso, queremos haceros partícipes y os invitamos a vivir esta experiencia con nosotros.

  • ¿Qué necesitáis?

Si quieres venir con nosotros, lo primero que necesitarás es un coche. Avanzaremos generalmente por pistas, por tanto es necesario que sea 4×4 y que se encuentre en buen estado. El viaje es muy largo y exigente con la mecánica, por eso un buen mantenimiento es fundamental.
También necesitarás material de acampada, porque algunos días dormiremos en el desierto.
Los tramos diarios son largos y generalmente hacemos picnic para comer, incluso cenar y desayunar. Algo de comida preparada viene bien.
Gastos. Cada uno se paga los suyos. Ferry, gasolina, hoteles/albergues… Dependiendo del número de días de acampada, el gasto puede variar un poco. Una buena estimación es de 500/600 euros por persona. Como uno de los gastos principales es el combustible, en un coche ocupado con cuatro personas el coste se reduce.
Material para donar. Puedes traer tus cosas, pero en nuestras tiendas ya estamos recogiendo material escolar y ropa. Desgraciadamente, no tendremos espacio suficiente para llevar todo, ¿nos ayudas? El último día antes de la salida, pasaremos por el almacén y rellenaremos los huecos disponibles de los coches.
Mucha ilusión, paciencia y ganas de descubrir un nuevo país con una cultura diferente.